Capítulo VI: Triste final de la vida conventual en el Monasterio de Lérez

Siendo Abad Fray Ignacio Fernández de Ulloa se produjo la injusta exclaustración y la posterior desamortización decretada por el Ministro Mendizábal entre los años 1835 y 1837. Fue “el gran latrocinio” como lo calificó el eminente historiador Menéndez Pelayo.

 

Los Profesores y alumnos fueron arrojados de un Colegio que tanta gloria y prestigio había dado a Lérez y a Galicia.

 

Los monjes fueron expulsados por la fuerza de su Monasterio, en el que durante casi mil años habían sido no solo ejemplo de fe y de caridad, sino también promotores de cultura, de arte y de progreso social.

 

Luego vendría la soledad a la Abadía, el silencio a su claustro y, lo que es  peor, el saqueo y la ruina.  Desaparecieron los cálices, copones, las vestiduras litúrgicas, la biblioteca con los valiosísimos pergaminos y libros antiguos (no se olvide que el Padre Feijoo, como recuerdo de sus años de Profesor en Lérez, había donado a su Monasterio doscientos libros; y el Padre Sarmiento también le había regalado trescientos libros escogidos): todo eso desapareció, lo mismo que  los archivos. También fue saqueada la botica con sus recetas medicinales. Y hasta se llevaron las piedras de tres alas del claustro,  las losas del piso de la cocina, del refectorio, de la sala capitular, etc.

 

Ese fue el triste resultado de una política anticlerical y antirreligiosa que no reparó en destruir y arruinar todo un patrimonio arquitectónico, artístico y cultural, de un valor incalculable, causando un daño totalmente irreparable.

 

Mendizábal, Espartero, Madoz…: Dios los perdonará, pero la historia los juzgará.

 

Autor: D. Crisanto Rial López

Un pensamiento en “Capítulo VI: Triste final de la vida conventual en el Monasterio de Lérez”

  1. Es una pena que a la cultura, se le haga una traición
    premeditada, pero los aficionados, a la historia como, yo,
    siempre estaremos como buenos enamorados, de estos
    monjes, monjas, que dieron todo, por el saber la cultura,
    fe, y caridad, y siempre con lealtad, a su lado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *